El homicidio de Juan Sebastián Figueroa González, en junio pasado, a las puertas del bar-discoteca The Grand Hotel Cuernavaca, exhibió las endebles medidas de seguridad con la que operan los más de 2 mil negocios de giro rojo en una ciudad con apenas 202.54 kilómetros cuadrados de extensión territorial.
Frente al clima de inseguridad que prevalece en todo el país, los atentados de la delincuencia organizada contra los denominados antros han crecido en Morelos con saldos de víctimas inocentes. Los antros elegidos por el crimen organizado para incendiarlos se ubican en Cuernavaca, Jiutepec y Yautepec.
La secuela de atentados inició la madrugada del 9 de mayo en el bar "Alquimia" situado sobre el Paseo Cuauhnáhuac, a la altura del poblado de Acolapa, cuando un grupo armado irrumpió en el negocio, golpeó al velador y enseguida provocó el incendio que consumió parte del inmueble, sin causar muertes. Los bomberos y personal Protección Civil llegaron al lugar alrededor de las 04:00 horas para sofocar la ignición.
El velador dijo que los autores del siniestro dañaron la cerradura de la puerta principal y durante algunos minutos recorrieron el interior del antro para luego prenderle fuego y retirarse a bordo de un auto.
Cuatro días después, el 14 de mayo, un grupo de entre ocho y diez hombres armados, encapuchados y vestidos con uniformes similares a los de los agentes federales, penetraron en el table dance Éxtasis, localizado a un costado de la carretera federal Cuautla-Cuernavaca, en el municipio de Yautepec.
Los presuntos integrantes del crimen organizado sometieron a los empleados y parroquianos y después quemaron el lugar. Eran alrededor de las 02:00 horas, aproximadamente.
En el sitio trascendió que una de las bailarinas resultó severamente golpeada y con quemaduras en un brazo, por lo que tuvo que recibir atención médica.
Apenas 7 días después la discoteca Classico de Cuernavaca y su personal fue atacada por hombres vestidos de negro y con pasamontañas que irrumpieron en el bar, golpearon al personal, arrojaron gasolina y prendieron fuego; después huyeron en varios taxis que los esperaban afuera. Seis personas resultaron heridas, entre ellas, María Castillo Porcayo, de 28 años de edad, una empleada que murió una semana después.
Pese a que en estos casos citados las pérdidas materiales fueron significativas e incluso provocaron la muerte de una mujer del Classico, la exigencia de los empresarios del gremio por contar con mayor vigilancia en las calles no encontró eco ante las autoridades hasta que fue asesinado Juan Sebastián Figueroa González, hijo del cantautor Joan Sebastian.
PRIMERA PARTE