La llegada de Los Zetas a Morelos no pudo ser sin la autorización del extinto Arturo Beltrán Leyva, El jefe de jefes o El Barbas. Su presencia quedó demostrada en octubre pasado de 2009 cuando una serie de cateos realizados por militares y agentes federales permitió llegar hasta dos inmuebles y dos gasolineras ubicadas en Cuernavaca por el operador financiero del grupo, Carlos Sotelo Luviano, quien igual se hacía llamar Francisco Chaire Huerta o Jorge Lagunas Jaramillo.
Sotelo Luviano era un hombre cercano a dos de los fundadores de Los Zetas. Uno de ellos, su actual jefe Heriberto Lazcano Lazcano, "El Lazca", y con el ya detenido Omar Lorméndez Pitalúa, "El Zeta 10", "El Pita" o "El Pitalúa", quien actualmente se encuentra sujeto a proceso e interno en el penal de máxima seguridad de El Altiplano, en Almoloya, estado de México. Junto con Jaime Macedo Delgado, Sotelo Luviano era el encargado de lavar dinero para el grupo criminal de Tamaulipas.
Los domicilios usados por ambos y que se ubicaban en el número 38 de Paseo de Limoneros, del Fraccionamiento Los Limoneros, y 405 de la Calle Río Amarillo, en la colonia Vista Hermosa, servían de refugio a los hombres de Los Zetas que pasaban por esta zona. Además, contaban con dos gasolineras, una denominada "Gasolinera San Carlos", en el kilómetro 85.5 de la autopista México-Acapulco, Colonia Antonio Barona y la otra "Servicios Gasolineros Anacele", en avenida Domingo Díez 1301, en la colonia Lomas de la Selva, que les sirvieron junto con la compra de inmuebles, para "lavar" más de 500 millones de pesos.
La Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) los consignó ante un juez federal y estableció que Sotelo Luviano, quien incluso se realizó cirugías para modificar su rostro, también adquirió diversos inmuebles en Morelos, Guerrero y Distrito Federal, así como vehículos y negociaciones mercantiles con recursos presuntamente provenientes del narcotráfico y realizó movimientos sospechosos a través de 37 cuentas bancarias el sistema financiero 2007 a 2009, precisamente cuando Los Zetas y Los Beltrán Leyva hicieron un pacto no escrito.
Tan fuerte fue la alianza entre los Beltrán Leyva y Los Zetas, que éstos últimos fueron quienes ejecutaron la masacre de la familia del integrante de las Fuerzas Especiales de la Armada de México, Melquisedec Ángulo Córdova. El atentado se produjo en venganza porque el infante de marina participó en el operativo en el que murió Arturo Beltrán Leyva el pasado 16 de diciembre en Cuernavaca.
Está plenamente comprobado por las autoridades federales mexicanas que fueron sicarios al servicio de Los Zetas en Tabasco los que directamente actuaron en la matanza de la madre, dos hermanos y una tía del marino tabasqueño. El infante de marina Ángulo Córdova falleció también durante el enfrentamiento contra El Barbas, en los condominios Altitude de Cuernavaca, Morelos.
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